¿Pueden consumirse los medicamentos fuera de fecha?

etiquetado nutricional obligatorio

¿Pueden consumirse los medicamentos fuera de fecha?

Como profesionales del etiquetado nutricional obligatorio queremos dedicar este post a otro de los ámbitos donde las etiquetas con la fecha de caducidad tienen una importancia destacada: el farmacéutico. ¿Pueden consumirse los medicamentos fuera de fecha? Ahora vemos la respuesta.

Lo primero a tener claro es que todos los medicamentos incluyen en el prospecto una advertencia que reza lo siguiente: “no utilizar después de la fecha de caducidad que aparece en el envase”. Por eso insistimos en que la fecha troquelada en la caja y en los blíster de las pastillas marca un antes y un después en la utilización que podemos hacer de los fármacos. La cuestión ahora es saber hasta qué punto es peligroso tomar un medicamento caducado. Los laboratorios, fijando una fecha de caducidad, nos dan una garantía de actividad y eficacia. Lo que no está indicando es que haya una fecha tope a partir de la cual no se pueda usar ese fármaco. Lo que ocurre es que, a partir de ese momento, el laboratorio ya no garantiza que sea igual de efectivo. Por lo tanto, esto no quiere decir que consumirlo entrañe un riesgo para la salud.

Respetando la fecha de caducidad se tiene la certeza de que no se ha perdido la actividad del medicamento y no han aparecido sustancias potencialmente tóxicas. Algo infrecuente, pero no imposible. Dicho de otro modo, no se trata tan solo de si el fármaco sigue o no siendo eficaz, sino de saber si puede haberse vuelto tóxico.

En cuanto a la eficacia, por lo general es posible que no pase nada por tomar un medicamento caducado desde hace dos meses. En cambio con seis meses la cosa ya cambia. Por ejemplo, un paracetamol o una aspirina son fármacos que siguen siendo eficaces incluso tres años después. Algo que no se puede asegurar al 100% en el caso de los antibióticos. En este sentido, un estudio de 2012 analizó distintos fármacos que habían caducado entre 28 y 40 años atrás. Concluyeron que la gran mayoría de ellos conservaba al menos el 90% de sus principios activos. Por eso muchas voces defienden la necesidad de que los laboratorios amplíen la fecha de caducidad. Siempre garantizando, claro está, la seguridad y la eficacia a largo plazo. Para ello es preciso que se conserven adecuadamente. Deben guardarse en un lugar fresco y seco, alejados de televisores u otros electrodomésticos y en su envase original. Los que se alteran por la acción del calor llevan marcado en el envase el símbolo Q y en su prospecto se indica si se deben conservar en nevera o en el congelador. Dentro de la nevera se guardan algunos antibióticos y colirios, además de las vacunas e insulinas.

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